El enemigo no inventa nada. Lo copia todo. 0%
El enemigo no inventa nada. Lo copia todo.

El enemigo no inventa nada. Lo copia todo.

Por Pastor Miguel Montoya
Lunes 24 de agosto de 2026 · 8 min de lectura

Apocalipsis 13 es el capítulo que nos muestra cómo opera el enemigo. Nos enseña que trata de imitar a Dios en todo, y que hasta logra conseguir lo que Dios ha logrado con nosotros: la adoración de la gente. Es una copia exacta de la manera en que Dios trabaja.

La semana pasada vimos la primera bestia, la que sube del mar. Tiene todo el conocimiento de los imperios anteriores, surge del caos global y de la crisis social, y es una persona: un rey, un gobernante, un presidente global. Es el anticristo, y viene de la rama política.

Pero nos quedamos pendientes de la segunda. Y esta no sale del mar.

«Luego vi a otra bestia. Esta salía de la tierra. Tenía dos cuernos como los de un cordero, pero hablaba con la voz de un dragón» (Apocalipsis 13:11, NTV).

La tierra representa algo estable, algo que no se mueve demasiado. Así que este segundo líder no va a surgir del caos político: va a surgir de la rama religiosa o espiritual. Un líder de un carisma poderosísimo, con la capacidad de convencer al mundo entero de que adore al anticristo. Y se le dará autoridad para hacer milagros; la Biblia dice que hasta hará descender fuego del cielo mientras todos observan.

Una trinidad, copiada pieza por pieza

Aquí está lo que hay que entender para que el capítulo se abra completo.

Nosotros tenemos un solo Dios que se ha manifestado de tres maneras. Como Padre, es el creador de todo. En Jesucristo, como Hijo, se encarna y viene a salvar lo que se había perdido; y el Padre le entrega toda la autoridad — por eso Jesús dijo que él no hacía nada por cuenta propia, y al resucitar dijo que toda autoridad le había sido dada. Y se manifiesta como Espíritu Santo, que nos convence de que tenemos que arrepentirnos y que nos agrupa a todos para que adoremos al Hijo.

Ahora mira cómo el enemigo imita exactamente esas tres maneras.

El antipadre es el dragón. Ese dragón no es una criatura que anda lanzando fuego por la boca: es algo invisible, la serpiente antigua que está operando en la tierra desde que engañó a Eva. Y así como el Padre le da autoridad al Hijo, el dragón le entrega toda su autoridad a la primera bestia.

El anticristo es la copia del Hijo. El dragón se encarna en él, igual que Dios se encarnó en Jesucristo. Y aquí conviene dejar de imaginar una bestia espeluznante: piensa en alguien atractivo, alto, fuerte, de ojos bonitos, con una capacidad única de convencer.

Y el falso profeta es la copia del Espíritu Santo. Si el Espíritu Santo agrupa a la gente para que adore al Hijo, ¿qué hace esta segunda bestia? Convence a todo el mundo de que adore a la primera. Es una copia con exactitud.

Dragón, anticristo y falso profeta. Y el número que la Biblia le da al sistema es el triple seis: la trinidad satánica.

Cómo va a convencer

Le dirá a la humanidad algo parecido a esto: ustedes han escuchado del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob; han escuchado de los milagros del pasado, de cuando Dios abrió el mar para que pasaran sus hijos. Pues nosotros dos hemos sido enviados desde el cielo, por ese mismo Dios de la Biblia. Déjenme demostrárselo.

Y hace descender fuego. Empieza a hacer milagros asombrosos, a manifestar poderes sobrenaturales. Y la gente se convence de inmediato.

Entonces lo presenta: aquí está el Mesías que esperábamos. Y mientras el falso profeta lo presenta, el anticristo está de pie en el templo, listo para sentarse en el trono y ser coronado.

La estatua que habla

Después el líder religioso manda hacer una estatua del anticristo, y esa estatua cobra vida y empieza a hablar.

¿Cómo va a hacer eso? Para el apóstol Juan era difícil describir lo que estaba viendo, pero para nosotros hoy es mucho más entendible: ya se puede hacer un avatar digital de una persona, capaz de moverse y de hablar. Imagínate que en el momento en que están coronando al anticristo hay cámaras de última tecnología grabándolo, y en todos los dispositivos electrónicos del planeta aparece esa imagen.

Hace poco vimos una demostración de hasta dónde llega esa capacidad. Millones de personas siguiendo un mismo evento al mismo tiempo, viendo en sus pantallas figuras que se mueven y hablan, cuando físicamente aquello estaba ocurriendo en un solo lugar del mundo. Así será cuando lo entronicen y lo declaren líder del mundo.

Y date cuenta de algo: ¿no se parece a lo que ya vimos en Babilonia, cuando Nabucodonosor levantó una estatua y ordenó que todos se arrodillaran ante ella? Es el mismo sistema. Por eso la Biblia lo llama Babilonia la grande. Es sistema. Y por eso cuando viene Cristo se grita que Babilonia ha caído: el sistema fue derrotado.

Hasta la presentación va a ser imitada

Y aquí está el detalle más fino de todo el capítulo.

¿Cómo fue la presentación de Jesús en la tierra? Primero es enviado Juan el Bautista. Y Juan el Bautista es algo que en el Antiguo Testamento nadie había sido: era profeta y sacerdote al mismo tiempo. Las personas solo podían ser una cosa o la otra; los sacerdotes tenían su profeta, los reyes tenían su profeta. Pero Juan es hijo de Zacarías, el último de los sacerdotes, así que viene del linaje sacerdotal. Ya no se iban a necesitar más sacerdotes, porque venía el sumo sacerdote.

¿Y dónde presenta a Jesús? En el desierto. En la tierra. ¿De dónde sale la segunda bestia de Apocalipsis? De la tierra.

¿Y cómo lo presenta? Anunciando quién es: arrepiéntanse, porque el reino de los cielos se ha acercado. He aquí el cordero que quita el pecado del mundo. Cristo no se presentó a sí mismo. Necesitó un profeta que lo presentara. Y el anticristo copia exactamente lo mismo.

Fíjate en cómo habla Jesús de aquel hombre. Cuando los discípulos de Juan se van, Jesús se queda hablando de él con la multitud y les pregunta qué clase de hombre fueron a ver al desierto: ¿acaso una caña débil sacudida por la más leve brisa? ¿O esperaban ver a alguien vestido con ropa costosa, de esos que viven en los palacios? ¿Buscaban a un profeta? Así es, les dice, y él es más que un profeta (Mateo 11:7-9, NTV). Y remata diciendo que de todos los que han vivido, nadie es superior a Juan el Bautista.

¿Por qué nadie superior? Porque nadie había sido profeta y sacerdote al mismo tiempo, y porque él tuvo el privilegio de presentar al Mesías.

Ahora pon las dos escenas una al lado de la otra. Jesús fue presentado en el desierto, con cero opulencia y cero arrogancia, por un hombre que no vestía ropa costosa ni vivía en un palacio. El anticristo será presentado con lo mejor de la tecnología, en un palacio dorado, ante el planeta entero.

Es la copia, sí. Pero es una copia de arrogancia. De querer conquistar lo que Dios ha tenido siempre.

Lo que el enemigo siempre quiso

Y esto no empezó ahora. Desde los dos primeros seres humanos, el enemigo quiso la obediencia, la atención y la sumisión de Eva, y de ahí en adelante la de todos.

Pero no lo logró, porque Dios ordenó que nos multiplicáramos y llenáramos la tierra, y el enemigo perdió el control: no podía controlar a tantos humanos multiplicándose al mismo tiempo. Él quería unificarlos. Quería que estuvieran en una misma ciudad, que hablaran un mismo idioma, para tenerlos bajo control. Y Dios los esparció confundiendo los idiomas.

No se conformó. Ha venido durante todos estos siglos, por medio de imperios, conquistando, unificando, imponiendo un mismo lenguaje, una misma moneda, unas mismas costumbres, y persiguiendo todo lo que tiene que ver con Jesucristo.

Voluntario, u obligatorio

Y aquí está la diferencia que lo decide todo.

Nosotros le damos a Dios nuestra adoración de manera voluntaria. Escogimos adorarlo, escogimos honrarlo, escogimos seguirlo y creer en su palabra. Nadie nos obligó.

Esta trinidad, en cambio, obligará. Convencerá primero y controlará después, y toda la gente se rendirá ante ella forzosamente, porque dependerá de ella.

Eso es lo que el enemigo siempre ha querido: la atención de la gente, el control, y la adoración. Y la va a lograr — pero obligada, y de manera temporal, hasta que sea derrotado.

Tu tarea de esta semana

Es muy sencilla, y es urgente por una razón concreta.

Mientras tengamos el tiempo de rendirnos a Dios y adorarlo voluntariamente, hagámoslo. Habrá un tiempo en que no se va a poder hacer.

Así que hazlo esta semana, y hazlo a propósito. Entrégale tu casa y tu familia. Pídele que obre en los tuyos y que los corrija, aunque sea por medio de un proceso, para que no se pierdan. Pídele que ellos también puedan adorarlo voluntariamente, como tú lo haces.

Porque el enemigo envidia esa adoración. Siempre la deseó, siempre la quiso, y va a terminar teniéndola a la fuerza. La tuya todavía es tuya para darla.

El próximo domingo seguimos.

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