La bestia final no traerá nada nuevo
Por Pastor Miguel Montoya
Lunes 17 de agosto de 2026 · 10 min de lectura
Un pequeño cambio de libro, aunque el tema es exactamente el mismo. La semana pasada estuvimos en Daniel 7, donde el profeta vio cuatro bestias que surgían del mar. Y ese mar no es un mar cualquiera: es un mar agitado, que azota con olas grandes. El profeta Isaías nos enseña que el mar con olas agresivas representa las multitudes de personas que a nivel global se encuentran en caos y están viviendo crisis: sociales, económicas y políticas.
De ese mar salía una bestia que representaba a un rey y a un imperio. Gobernaba un tiempo, la sociedad entraba de nuevo en crisis, y entonces surgía otra bestia que mataba a la anterior e imponía sus propias reglas, sus costumbres, su lenguaje y su moneda. Y así cuatro veces.
Hoy vamos a ver cómo vio esas mismas cosas otro personaje, seiscientos años después: el apóstol Juan.
Entre Daniel y Juan pasaron seis siglos y pasaron los imperios. Cuando Daniel escribió, estaba operando Babilonia. Luego cayó Babilonia y entraron los medos y los persas, la segunda bestia. Después los griegos. Y para el tiempo en que Juan está viendo esta revelación, ya está operando la cuarta: el imperio romano, la última de las bestias, la que Daniel no pudo comparar con ningún animal.
Lo que Juan vio
«Después vi a una bestia que subía del mar. Tenía siete cabezas y diez cuernos, y una corona en cada cuerno. Y escrito en cada cabeza había nombres que blasfemaban a Dios. Esta bestia se parecía a un leopardo, pero tenía las patas de un oso y la boca de un león» (Apocalipsis 13:1-2, NTV).
Ahí está la clave del capítulo entero. Fíjate en las tres características: cuerpo de leopardo, patas de oso, boca de león. Son las tres bestias que Daniel había visto, todas juntas en una sola.
No hay ninguna contradicción entre Daniel y Juan. Tampoco es que se complementen: en realidad nos están hablando de lo mismo.
Esta bestia es un rey, puede ser un presidente. Lo seguro es que es un líder político, y es lo que conocemos como el anticristo. Daniel lo vio como un cuerno pequeño al que otros tres cuernos le entregan el poder, y con un ojo humano para vigilarlo absolutamente todo.
Y surge del mismo lugar: del mar agitado de las multitudes. Cuando la gente esté en caos, cuando haya angustia en la tierra, cuando estemos en el tope de todas las crisis. Crisis económica donde a la gente no le alcance para pagar la renta, donde tengan que trabajar esposo, esposa y hasta los hijos para subsistir. Crisis social. Crisis política. Guerras. El petróleo por las nubes y las familias sin poder pagar la canasta básica.
De ese caos tiene que surgir un líder político con la capacidad de traer calma y tranquilidad a las naciones, con la sabiduría y el conocimiento para gobernar todo el planeta imponiendo sus propias reglas, sus costumbres, sus leyes y su propio sistema económico. Ese es el anticristo.
Las capacidades acumuladas
Nota que todas las capacidades de los reyes anteriores estarán en él.
¿Recuerdas el poder de Nabucodonosor, aquel que tuvo la capacidad de juntar la mayor cantidad de oro del mundo, hasta que todo era de oro? Por eso la cabeza de la estatua era de oro. Ese poder estará en esta última bestia.
Le suma la capacidad destructiva y de conquista de Media y de Persia. ¿Te acuerdas del oso con las tres costillas en la boca? Por eso esta bestia tiene patas de oso.
Y tiene boca de león, que es la boca de Nabucodonosor: arrogante, soberbia, que blasfema contra Dios y que convence a la gente de que no necesita creer en el del cielo, sino en él, porque él tiene la solución, él es el mesías que el mundo esperaba. Tiene esa capacidad de conquistar corazones, y la gente le va a creer. La Biblia dice que todos se maravillaban y lo adoraban.
Porque este personaje es muy atractivo. Tiene mucho carisma, la gente se rinde ante él, lo ve confiable. Y ahí vuelve el contraste de siempre: Nabucodonosor, con vista humana y carnal, vio una figura de metales preciosos y atractiva. Juan, con la mirada del cielo, ve una bestia.
El conocimiento se hereda
Piensa en cómo funcionamos los humanos: cada generación le pasa a la siguiente el conocimiento que adquirió.
Un ejemplo. Hay un cartílago en medio de la rodilla que se llama menisco. Hace cien años se creía que no servía para nada, que sobraba ahí por la evolución y que no tenía ninguna función. Así que cuando alguien se lo lastimaba, le abrían la rodilla y se lo extraían. Diez años después esa rodilla estaba pegando hueso con hueso y la persona no soportaba el dolor. Hubo deportistas en los años sesenta y setenta, jóvenes de veinticinco años, a los que les extrajeron los meniscos porque se pensaba que no servían.
Hasta que un médico japonés empezó a abrir cadáveres para estudiar la rodilla y descubrió que ese cartílago hace la función de esponja amortiguadora entre los dos huesos. Y no le creyeron. Los médicos siguieron extrayéndolo durante años más. Hasta que finalmente se entendió que no había que quitarlo, sino repararlo, porque es un tejido que no se regenera naturalmente. Ese mismo médico inventó un aparato con una cámara pequeña para operar sin tener que abrir la rodilla completa.
Ese conocimiento pasó a la siguiente generación, y hoy una rodilla se opera de manera sencilla gracias a lo que se aprendió una generación antes.
Con los imperios pasa igual. Desde Babilonia, cada imperio le ha pasado al siguiente su conocimiento: cómo someter a una sociedad, cómo desculturizarla de sus creencias, cómo imponerle un idioma, cómo hacer que use su moneda, cómo controlar a la gente. Han pasado dos mil quinientos años de Babilonia para acá, y cada uno lo hizo más fácil que el anterior porque heredó lo aprendido.
Esta última bestia tendrá todo ese conocimiento acumulado. Sabrá cómo someter a las personas y cómo vigilarlas por completo.
El ojo humano
Daniel vio que ese cuerno tenía un ojo humano, porque todo lo vigila y todo lo sabe.
Y hay una razón de fondo: el anticristo siempre va a querer imitar a Dios. Si Dios lo sabe todo y lo conoce todo, la única manera en que él puede imitar esa capacidad es por la tecnología: observar todo, escuchar todo, saber dónde estás. Hoy ya existen sistemas que tienen los datos de todos: saben dónde estás ahora mismo, a dónde vas a ir porque somos muy predecibles, dónde trabajas, a qué hora llegas, qué carro manejas.
Ahora, aquí quiero decir algo personal, porque hay mucha gente a la que esto le da miedo.
Dios nos está vigilando de la misma manera. Él tiene cámaras por todas partes observándonos. Conoce qué hacemos, qué decimos y hasta qué pensamos. Y yo no tengo ningún problema con que Dios sepa lo que hago. No tengo ningún problema en darles mi celular para que lo abran y lo vean. No oculto nada, no guardo nada. No tengo problema en que cualquier persona vaya a mi casa y vea dónde vivo y cómo vivo. Me pueden poner un micrófono en el carro. No tengo ningún temor, porque me conduzco de manera correcta. Sé que Dios me está observando en todo tiempo y en todo momento, y no he perdido mi libertad. Soy lo más libre que se puede ser.
La Biblia dice que todo me es lícito. Yo puedo hacerlo todo. Puedo escribirle a una mujer que no es mi esposa y empezar a subir el tono de los mensajes, seduciéndola por teléfono. Tal vez mi esposa no se dé cuenta, pero Dios lo sabe. Él tiene cámaras y conoce todos mis pensamientos. Por eso el apóstol Pablo dice: todo me es lícito, pero no todo me conviene. Aunque lo puedo hacer, no me conviene hacerlo.
Su agenda tiene dos tareas
La primera: se le dio autoridad y poder para hablar blasfemias contra Dios. Va a hablar mal del cielo, va a cambiar las leyes y los valores de la Biblia, va a cancelar todo lo que tenga que ver con Dios y con las iglesias.
La segunda: hacer guerra contra los creyentes. Los va a perseguir, e incluso dice la Biblia que va a vencer sobre ellos.
Su gobierno durará siete años. Los primeros tres años y medio serán de paz y de abundancia; la gente estará feliz y lo adorará. Pero a los tres años y medio alguien lo mata en un atentado. Probablemente alguien cercano que empieza a descubrir su crueldad y quiere hacer justicia. Y como es el anticristo, y quiere imitar todo lo que hace Cristo, también resucita. Tenía una herida mortal en la cabeza y sana, y la gente se maravilla aún más.
Pero resucita para levantarse a perseguir a los santos. Y ahí Juan da una advertencia que hay que leer despacio: el que esté destinado a la cárcel, a la cárcel será llevado; el que esté destinado a morir a espada, a espada morirá. Esto significa que el pueblo de Dios tiene que soportar la persecución con paciencia y permanecer fiel (Apocalipsis 13:10, NTV).
¿Por cuánto tiempo? Juan dice cuarenta y dos meses. Daniel dice «un tiempo, tiempos y medio tiempo». Cuarenta y dos meses son tres años y medio. Los dos profetas coinciden, separados por seiscientos años.
Y aquí está nuestra esperanza
Hay escuelas de teología que enseñan que los cristianos tendremos que soportar esa persecución. Yo no estoy en esa línea.
Yo estoy en la rama que cree que la iglesia de Cristo no está aquí en la tierra para vivir el juicio de Dios, porque el juicio de Dios hacia nosotros ya cayó sobre Cristo. Para eso lo mandó: para que el juicio que nosotros merecíamos fuera sobre él. Por eso ya no viene juicio para nosotros. La Biblia dice que ninguna condenación hay para el que está en Cristo Jesús. Ninguna sola.
Lo que sí vamos a ver
Si bien es cierto que no vamos a ver al anticristo, lo que sí vamos a ver es la preparación de todo esto.
Y el consejo que Dios nos da para este tiempo son dos palabras: paciencia y fidelidad. Paciencia en tiempo de crisis, de inflación, de crisis política y social. Y fidelidad.
Y cuando la Biblia habla de infieles aquí, no está hablando de tu esposa: está hablando de tu relación con Dios. ¿Qué es ser fiel? El que tiene su esposa y se ha guardado para ella sabe lo que es: es estar ahí a pesar de ser tentado a no continuar. Con Dios es exactamente lo mismo. Es seguir estando con él a pesar de la tentación de no estar cerca, a pesar de la tentación de dejar la iglesia, de abandonar el lugar donde tanto has crecido, donde tanto has aprendido y donde tanto te han guiado.
Tu tarea de esta semana
Pídele perdón a Dios por las ocasiones en que, en lugar de ponerlo en primer lugar, te fuiste por alguna otra opción. Por las veces que descuidaste el congregarte. Por las veces que descuidaste tu vida espiritual y tu relación con él. Por lo fácil que fue desviarse y darle importancia a otras tareas, a otros asuntos, a otras responsabilidades.
Porque nuestra responsabilidad más importante es la espiritual. Nuestra responsabilidad primordial es la comunión con él, la relación con él, la adoración a él.
Y si crees que la relación que estás buscando con otra persona te va a llenar más de lo que él te llenaría, dile hoy la verdad: que solo él satisface, que solo él llena, que solo la relación con él da paz y tranquilidad.
El próximo domingo, la segunda bestia de Apocalipsis 13: la que no alcanzamos a describir hoy.


