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¿Por qué España no aparece en la profecía de Daniel?

¿Por qué España no aparece en la profecía de Daniel?

Por Pastor Miguel Montoya
Domingo 12 de julio de 2026 · 7 min de lectura

Nabucodonosor tuvo un sueño que lo dejó inquieto, y al despertar se dio cuenta de que no lo recordaba.

Nos pasa a todos. Científicamente hablando, todos los seres humanos soñamos, y lo hacemos todas las noches; lo que ocurre es que al despertar el cuerpo se prepara para iniciar el día y olvida lo que acaba de soñar. La diferencia es que este hombre tenía un imperio a su disposición. Reunió a los mejores magos, astrólogos y hechiceros del planeta y les puso una condición imposible: revélenme el sueño y su significado, y si no pueden, los mato a ustedes y a sus familias. No pudieron. Y el rey mandó al jefe de su ejército a ejecutar a todos los sabios de Babilonia.

Entre esos sabios estaban Daniel y sus amigos. Cuando el jefe del ejército llegó a buscarlo, Daniel hizo dos cosas: pidió tiempo, y se puso a orar con sus amigos para que Dios les revelara qué había soñado el rey y qué significaba. Esa misma noche Dios se lo mostró. Y al día siguiente Daniel se paró frente al rey y le dijo algo que conviene no perder de vista: ningún ser humano puede descifrarte esto. Solo el Dios del cielo puede hacerlo, y él me lo ha revelado.

La estatua de cinco metales

Lo que el rey había visto era una estatua enorme y terrible: cabeza de oro, pecho y brazos de plata, vientre y muslos de bronce, piernas de hierro, y pies de hierro mezclado con barro cocido. Después, una roca cortada de una montaña «pero no por manos humanas» golpeó los pies, y toda la estatua se deshizo hasta que el viento se la llevó como paja. La roca, en cambio, se convirtió en una montaña que cubrió toda la tierra (Daniel 2:31-35, NTV).

Fíjate en el orden de los materiales: oro, plata, bronce, hierro, barro. El valor va bajando. Cada reino que viene vale menos que el anterior. Pero al mismo tiempo va creciendo en tamaño: cada uno conquista más territorio que el que lo precedió. Se degrada en valor, pero crece en extensión.

Y algo que no se debe pasar por alto: era una sola estatua. Un solo cuerpo, de la cabeza hasta los pies. No son cinco sistemas distintos: es el mismo sistema atravesando la historia entera.

Daniel le dijo al rey que la cabeza de oro era él. Y la historia se encargó del resto. A Babilonia la vencieron los medos y los persas, dos pueblos que tuvieron que unirse para lograrlo, y de ahí los dos brazos de plata. Vale la pena notar lo que hicieron esos reyes: les permitieron a los judíos que estaban cautivos regresar a Jerusalén y reconstruir el templo que los babilonios habían destruido. Les extendieron misericordia, porque Dios así lo quiso.

Después a ellos los venció Grecia con Alejandro Magno, el bronce. Y a Grecia la aplastó Roma, el hierro, el imperio que estaba en el poder cuando Jesús caminó por Jerusalén y cuyos soldados lo crucificaron. Roma también sometió a los judíos y volvió a destruir el templo, en el año 70. Por eso hoy sigue destruido.

Y ahora la pregunta interesante

Si la estatua describe los imperios que conquistan el mundo, ¿dónde está España, que conquistó toda América Latina y un pedazo de Asia? ¿Dónde está Napoleón, que se llevó media Europa? ¿Dónde está el imperio holandés? ¿Dónde está Inglaterra, el imperio que más territorios ha conquistado en la historia, extendido por los cinco continentes? ¿Se le quedaron fuera a Dios?

No. Y hay dos razones.

La primera es geográfica: ninguno de esos imperios llegó a Jerusalén. Napoleón conquistó España, los Países Bajos, llegó hasta Alemania y casi hasta Rusia, pero no bajó a Israel. España conquistó un continente entero y nunca puso un pie ahí. Inglaterra sí llegó a esa región, pero cuando lo hizo los judíos ya estaban dispersos: no había templo y no había pueblo al que someter. Los cuatro imperios de la estatua tienen algo en común: los cuatro pisaron Jerusalén y sometieron al pueblo judío. Israel es el reloj profético de Dios, y lo que no pasa por ahí no entra en la cuenta.

La segunda razón es que esos imperios no son nuevos: son la extensión del hierro. Los libros de historia dicen que Napoleón quería resucitar el Imperio Romano y coronarse como el nuevo emperador. España trajo a América el catolicismo romano. Inglaterra es una derivada más de Roma.

Y mira hasta dónde llega. ¿Quiénes establecieron el tipo de gobierno que hoy tiene casi todo el planeta? Los romanos. La democracia empezó un poco con los griegos, pero se perfeccionó con Roma, y fueron los romanos los que dividieron el poder en tres ramas para que nadie lo tuviera todo: ejecutivo, legislativo y judicial. Los romanos tenían cortes, jueces, fiscales, impuestos y recolectores de impuestos. Todavía hoy, quien quiere ser abogado tiene que estudiar derecho romano. El hierro de las piernas se extiende hasta los dedos de los pies.

Por eso el último reino no es un imperio nuevo, sino pies de hierro mezclado con barro. El texto dice que esos reinos buscarán fortalecerse haciendo alianzas, pero no se mantendrán unidos, así como el hierro y el barro no se mezclan (Daniel 2:43, NTV). Habrá partes tan fuertes como el hierro y partes tan débiles como el barro, todas en el mismo pie. Es el último movimiento del sistema para controlar todos los territorios del planeta.

Y aquí conviene decir algo que incomoda: no hay unos buenos y unos malos. Todos son parte del mismo sistema. Los rojos, los verdes, los azules, los amarillos: el mismo sistema. Una sola estatua.

Lo único que no se lo lleva el viento

Y entonces cae la roca. No la lanza nadie: viene de la montaña, no la cortan manos humanas, y no negocia con la estatua. La deshace completa y se convierte en un reino que, dice Daniel 2:44 (NTV), jamás será destruido ni conquistado, y permanecerá para siempre.

Aquí es donde esto deja de ser historia antigua y se vuelve personal. ¿Dónde está Nabucodonosor hoy? ¿Dónde está César? ¿Dónde están Napoleón y todos los emperadores romanos? ¿Dónde están sus palacios enormes llenos de oro? Se los llevó el viento. Quedaron barridos en la historia.

Y entonces, ¿por qué le damos tanto valor a una casa que ni siquiera llega a ser de oro como las que aquellos tuvieron? El sistema te dice que le des valor a tus posesiones y a tus bienes, y todo eso se lo va a llevar el viento igual que a los imperios que un día fueron.

Lo verdaderamente valioso es la presencia de Dios en tu corazón, tu matrimonio y el alma de tus hijos. Es lo único que vas a poder llevarte al reino que no se acaba.

Tu tarea de esta semana

Guarda tus valores, tus principios y tus creencias, y no permitas que este sistema te absorba ni absorba a tus hijos. Que no te haga hablar su idioma.

Porque tienen un idioma, y ya sabes cuál es: el idioma de la libertad mal entendida, el del desenfreno, el del placer, el de «está bien, no pasa nada mientras no le hagas daño a nadie».

Que tu idioma sea el del reino al que perteneces. Y el idioma del reino es amor: amor al prójimo, amor al Dios del cielo y de la tierra, amor a sus principios, a su palabra, a sus estatutos. La fe. La adoración. Congregarse y no dejar de congregarse.

Y si quieres estar seguro de pertenecer a ese reino, la puerta está abierta hoy. Se entra pidiendo perdón y apropiándose de él, no por mérito propio ni por merecimiento, sino porque él pagó el precio con su sangre derramada en la cruz para que al creer en él pudieras entrar.

El próximo domingo comparamos esta profecía con el libro de Apocalipsis, y la exactitud entre las dos.

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